martes, 5 de agosto de 2014

Prólogo de El nuevo reino

PRÓLOGO



Amanecía otro día en Cerno, Pilo, él guardia de turno, fue hasta la torre vigía para proteger el pueblo en caso de que algún enemigo del reino apareciera, aunque como él bien sabía, ningún enemigo iba a aparecer, llevaban varios años sin atacar y creía imposible que los enemigos se hayan fortificado tanto como para intentar otro ataque.
Por el camino se encontró con Peva, la chica que le gustaba desde hace tiempo, pero a la que nunca le había declarado lo que sentía. Esa mañana estaba más radiante que nunca, nada mas verla no pudo evitar sonrojarse.
-Hola Pilo -Dijo ella tímidamente y sonrojándose también-. ¿Qué tal estás hoy?
-Bien Peva -Le contesto sonriendo- ¿Y tú?
-Bien...
-Bueno nos vemos, que tengo que vigilar -Dicho eso le dio la espalda se alejo un poco antes de volver a girarse a ella-. ¡Eh Peva! -Gritó Pilo-. Veras... Hace tiempo que llevo queriendo decirte algo, pero nunca he sido capaz de decírtelo... ¿Te... gustaría salir conmigo? -Dijo incapaz de mirarla a la cara-.
El rostro de Peva se iluminó por completo. Ella también quería decírselo desde hacer tiempo, pero al igual que él se veía incapaz de contárselo.
-¡Si! Claro que quiero -Gritó en medio del pueblo y se abalanzó hacía él-.
Pilo la recibió con buen agrado y la beso, el beso fue tal como se lo había imaginado cuando estaba solo. Era la primera pareja que tenía y se sentía muy feliz, en aquel momento sintió que si moría, moriría muy feliz en los brazos de la mujer que amaba. Pero no murió, y tampoco podía estar en los brazos de ella, tenía que ir a la torre y cumplir con su deber.
-Me has hecho muy feliz Peva, pero tengo que ir a vigilar... Nos vemos cuando termine mi turno -Dicho eso se volvió a dar la vuelta de nuevo y se fue a la torre-.
Tras unos minutos llegó a lo alto de la torre y echó un vistazo al pueblo para ver si divisaba a Peva. La vio en la plaza del pueblo, cerca de la fuente donde se erigía una estatua del antiguo rey que había muerto dieciocho años atrás, en la guerra contra los nebianos. Se quedo mirándola hasta que ella se percató de que la esta observando, entonces ella le miró y le sonrió, hasta que alguien fue corriendo hasta ella y señalaba al puerto. Pilo cada vez veía a más gente corriendo y huyendo, hasta que comprendió porque lo hacían.
En el puerto se concentraba una flota de barcos nebianos, Pilo no comprendía como no los había visto llegar, ya que los nebianos eran unos salvajes que siempre hacían el mayor ruido posible para saber que se estaban acercando para matarlos a todos. Algo en ellos habían cambiado, tenían barcos diferentes, armaduras diferentes y hasta habían cambiado las armas rudimentarias que llevaban antes, pero sin duda eran nebianos, con su aspecto pálido y de brazos anchos.
Enseguida el pueblo estaba lleno de enemigos, donde estaban matando a todos los habitantes. Sin perder más tiempo, Pilo encendió la gran hoguera que daría la alarma a las demás torres vigías y enviarían refuerzos para combatir a las fuerzas enemigas. Acto seguido cogió el arco y el carcaj y empezó a disparar a los nebianos, pero las flechas rebotaban en sus relucientes armaduras, así que apuntó al cuello donde estaban desprotegidos.

Tras matar a unos cuantos se acordó de Peva, bajó el arco y la buscó con la mirada, la vio corriendo y a salvo, hasta que una flecha silbó en el aire y le atravesó el hombro cayendo al suelo. Pilo siguió la trayectoria de la flecha y vio a un nebiano sin casco, con un arco en la mano y una amplia sonrisa en la cara. Inmediatamente Pilo levantó el arco y le disparó, pero la flecha solo le rozo la cara dejándole una herida en la cara. El nebiano se fijó en él y le señaló, dando la orden de que lo mataran.

Una flecha le alcanzó en el brazo. Retrocedió unos pasos pero volvió a levantar el arco para acabar con el nebiano que había disparado a la chica que le había pedido salir ese mismo día, pero las fuerzas le fallaron y la flecha solo voló unos pocos metros. Una flecha le acertó en el pecho. Pilo estaba aturdido, sabía que aquel era su fin. Se dio la vuelta con la intención de sentarse y esperar a que todo pasara. Otra flecha se le clavó en la espalda. No aguantó más, se tambaleo, intentó mantenerse en pie, pero cayó de la torre, el suelo cada vez estaba mas cerca de él. Echó un último vistazo al pueblo. Vio a Peva en el suelo y sangrando. Vio a sus amigos y vecinos muertos. Las casas y tiendas ardiendo. Por último vio a lo lejos una tropa aliada acercándose a caballo. No vio nada más, el suelo ya lo había recibido. Ahora solo yacía su cuerpo en un charco de sangre.

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