Larax puso su caballo al trote para llegar a su destino, Vipe, la ciudad atacada por los nebianos.
Cuando por fin llegó, la visión no era muy diferente a la que había visto desde lejos. Junto a la torre vigía estaba el cuerpo del guardia, evidentemente estaba muerto, ya que parecía que se había caído de la torre. Las casas estaban todas quemadas, pero tal vez encontrara algún superviviente o algo de comida.
Fue hasta la puerta de la casa más cercana, con una mano en el pomo de su espada y la otra levantandola para abrir la puerta. Nada más poner la mano en la puerta y dar un leve empujón, la puerta se derribó hacia atrás. Antes de entrar miró hacia los lados por sí el ruido había alertado a alguien, sea amigo o enemigo. Tras comprobar que no venía decidió entrar en la casa.
El interior de la casa era horrible, no quedaba nada que no estuviera reducido a cenizas, pero siguió avanzando. Mirará donde mirará todo estaba negro, menos en la cocina donde se veía un líquido rojo que sólo podía ser sangre. En la cocina vio una terrible escena, en el suelo habían tres cadáveres, un hombre, una mujer y un niño, a los tres los habían pasado por la espada. Al ver aquello no puedo evitar ponerse nervioso y se alejó rápidamente de allí. Ver todo aquello le había recordado a lo que pasó en la anterior invasión nebiana, donde encontró a su mujer e hija muertas, después de eso le costó volver a levantar cabeza. Aunque habían derrotado a los nebianos el no iba a parar hasta acabar con todos, y ahora tenía la oportunidad, y quería acabar con todos ellos lo antes posible antes de que hagan más daño a personas inocentes.
Decidió salir de la casa ya que allí no encontraría nada ni a nadie.
Cuando fue hacia la puerta vio a un nebiano de espaldas, fue sigilosamente y desenvainó sin hacer ruido su espada. El nebiano no se movía, no había notado su presencia, pero que se quedara inmóvil en la puerta por la que había entrado hace unos instantes y en la que no había visto a nadie le pareció raro.
Cuando estuvo a la distancia justa le clavó la espada en la espalda. El enemigo solo pudo soltar un breve grito antes de morir <<Al final no era ninguna trampa ni nada raro>>. Pensó hasta que escuchó un ruido a si espalda. Cuando se dio la vuelta ya era demasiado tarde, una espada estaba bajando hacia su rostro y no tenía ninguna escapatoria posible.
sábado, 9 de agosto de 2014
Fragmento del capítulo 1
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario