miércoles, 13 de agosto de 2014

Fragmento del capítulo 1

El sol empezaba a entrar en la sala donde estaban los dos consejeros esperando a que llegaran su Rey para atender los asuntos del reino, que en ese momento era el ataque a Vipe.
Los dos consejeros no hablaban entre ellos y apenas se intercambian alguna mirada, hasta que el consejero militar abrió la boca para hablar:
-Ya se que le dirás al Rey, que no debemos entablar batalla y que deberíamos dialogar con ellos. Pero te aviso desde ya que voy a convencerlo de entrar en guerra. Cuanto antes les derrotemos antes acabara esto y estarán más debilitados que nunca -Hizo una pausa y prosiguió-. No espero tú apoyo, pero no quiero que te interpongas en esto, no tengo nada más que decirte por ahora.
-Sabes que lo que me pides es imposible, no debemos entrar en esta estúpida guerra, debemos... -En ese momento se abrió la puerta de la sala y ambos callaron y se levantaron de la silla para recibir al Rey-.
El Rey hacía gala de su mejor traje, llevando multitud de de collares y anillos de la más alta calidad. A diferencia del antiguo rey, este era muy ambicioso y le gustaba el lujo e imponía el poder a todos los vasallos, incluso obligó a una mujer a casarse con ellos.
-Empecemos con esto de una vez -anunció el Rey-.

sábado, 9 de agosto de 2014

Fragmento del capítulo 1

Larax puso su caballo al trote para llegar a su destino, Vipe, la ciudad atacada por los nebianos.
Cuando por fin llegó, la visión no era muy diferente a la que había visto desde lejos. Junto a la torre vigía estaba el cuerpo del guardia, evidentemente estaba muerto, ya que parecía que se había caído de la torre. Las casas estaban todas quemadas, pero tal vez encontrara algún superviviente o algo de comida.
Fue hasta la puerta de la casa más cercana, con una mano en el pomo de su espada y la otra levantandola para abrir la puerta.  Nada más poner la mano en la puerta y dar un leve empujón, la puerta se derribó hacia atrás. Antes de entrar miró hacia los lados por sí el ruido había alertado a alguien, sea amigo o enemigo. Tras comprobar que no venía decidió entrar en la casa.
El interior de la casa era horrible, no quedaba nada que no estuviera reducido a cenizas, pero siguió avanzando. Mirará donde mirará todo estaba negro, menos en la cocina donde se veía un líquido rojo que sólo podía ser sangre. En la cocina vio una terrible escena, en el suelo habían tres cadáveres, un hombre, una mujer y un niño, a los tres los habían pasado por la espada. Al ver aquello no puedo evitar ponerse nervioso y se alejó rápidamente de allí. Ver todo aquello le había recordado a lo que pasó en la anterior invasión nebiana, donde encontró a su mujer e hija muertas, después de eso le costó volver a levantar cabeza. Aunque habían derrotado a los nebianos el no iba a parar hasta acabar con todos, y ahora tenía la oportunidad, y quería acabar con todos ellos lo antes posible antes de que hagan más daño a personas inocentes.
Decidió salir de la casa ya que allí no encontraría nada ni a nadie.
Cuando fue hacia la puerta vio a un nebiano de espaldas, fue sigilosamente y desenvainó sin hacer ruido su espada. El nebiano no se movía, no había notado su presencia, pero que se quedara inmóvil en la puerta por la que había entrado hace unos instantes y en la que no había visto a nadie le pareció raro.
Cuando estuvo a la distancia justa le clavó la espada en la espalda. El enemigo solo pudo soltar un breve grito antes de morir <<Al final no era ninguna trampa ni nada raro>>. Pensó hasta que escuchó un ruido a si espalda. Cuando se dio la vuelta ya era demasiado tarde, una espada estaba bajando hacia su rostro y no tenía ninguna escapatoria posible.

jueves, 7 de agosto de 2014

Presentación de personaje: Larax

Larax.
33 años.
Equipo: Espada bastarda y escudo.
Características: Es un hombre alto, de pelo corto y negro.

Larax es un ex guardia de las tropas del rey. Es un hombre fuerte y valiente, pero lo echaron de la guardia cuando lo encontraron borracho en una de las torres vigías despues de la primera invasión nebiana. En esa invasión perdió a su mujer e hija. Aún así sigue defendiendo al rey y la paz por su propia cuenta.

martes, 5 de agosto de 2014

Prólogo de El nuevo reino

PRÓLOGO



Amanecía otro día en Cerno, Pilo, él guardia de turno, fue hasta la torre vigía para proteger el pueblo en caso de que algún enemigo del reino apareciera, aunque como él bien sabía, ningún enemigo iba a aparecer, llevaban varios años sin atacar y creía imposible que los enemigos se hayan fortificado tanto como para intentar otro ataque.
Por el camino se encontró con Peva, la chica que le gustaba desde hace tiempo, pero a la que nunca le había declarado lo que sentía. Esa mañana estaba más radiante que nunca, nada mas verla no pudo evitar sonrojarse.
-Hola Pilo -Dijo ella tímidamente y sonrojándose también-. ¿Qué tal estás hoy?
-Bien Peva -Le contesto sonriendo- ¿Y tú?
-Bien...
-Bueno nos vemos, que tengo que vigilar -Dicho eso le dio la espalda se alejo un poco antes de volver a girarse a ella-. ¡Eh Peva! -Gritó Pilo-. Veras... Hace tiempo que llevo queriendo decirte algo, pero nunca he sido capaz de decírtelo... ¿Te... gustaría salir conmigo? -Dijo incapaz de mirarla a la cara-.
El rostro de Peva se iluminó por completo. Ella también quería decírselo desde hacer tiempo, pero al igual que él se veía incapaz de contárselo.
-¡Si! Claro que quiero -Gritó en medio del pueblo y se abalanzó hacía él-.
Pilo la recibió con buen agrado y la beso, el beso fue tal como se lo había imaginado cuando estaba solo. Era la primera pareja que tenía y se sentía muy feliz, en aquel momento sintió que si moría, moriría muy feliz en los brazos de la mujer que amaba. Pero no murió, y tampoco podía estar en los brazos de ella, tenía que ir a la torre y cumplir con su deber.
-Me has hecho muy feliz Peva, pero tengo que ir a vigilar... Nos vemos cuando termine mi turno -Dicho eso se volvió a dar la vuelta de nuevo y se fue a la torre-.
Tras unos minutos llegó a lo alto de la torre y echó un vistazo al pueblo para ver si divisaba a Peva. La vio en la plaza del pueblo, cerca de la fuente donde se erigía una estatua del antiguo rey que había muerto dieciocho años atrás, en la guerra contra los nebianos. Se quedo mirándola hasta que ella se percató de que la esta observando, entonces ella le miró y le sonrió, hasta que alguien fue corriendo hasta ella y señalaba al puerto. Pilo cada vez veía a más gente corriendo y huyendo, hasta que comprendió porque lo hacían.
En el puerto se concentraba una flota de barcos nebianos, Pilo no comprendía como no los había visto llegar, ya que los nebianos eran unos salvajes que siempre hacían el mayor ruido posible para saber que se estaban acercando para matarlos a todos. Algo en ellos habían cambiado, tenían barcos diferentes, armaduras diferentes y hasta habían cambiado las armas rudimentarias que llevaban antes, pero sin duda eran nebianos, con su aspecto pálido y de brazos anchos.
Enseguida el pueblo estaba lleno de enemigos, donde estaban matando a todos los habitantes. Sin perder más tiempo, Pilo encendió la gran hoguera que daría la alarma a las demás torres vigías y enviarían refuerzos para combatir a las fuerzas enemigas. Acto seguido cogió el arco y el carcaj y empezó a disparar a los nebianos, pero las flechas rebotaban en sus relucientes armaduras, así que apuntó al cuello donde estaban desprotegidos.

Tras matar a unos cuantos se acordó de Peva, bajó el arco y la buscó con la mirada, la vio corriendo y a salvo, hasta que una flecha silbó en el aire y le atravesó el hombro cayendo al suelo. Pilo siguió la trayectoria de la flecha y vio a un nebiano sin casco, con un arco en la mano y una amplia sonrisa en la cara. Inmediatamente Pilo levantó el arco y le disparó, pero la flecha solo le rozo la cara dejándole una herida en la cara. El nebiano se fijó en él y le señaló, dando la orden de que lo mataran.

Una flecha le alcanzó en el brazo. Retrocedió unos pasos pero volvió a levantar el arco para acabar con el nebiano que había disparado a la chica que le había pedido salir ese mismo día, pero las fuerzas le fallaron y la flecha solo voló unos pocos metros. Una flecha le acertó en el pecho. Pilo estaba aturdido, sabía que aquel era su fin. Se dio la vuelta con la intención de sentarse y esperar a que todo pasara. Otra flecha se le clavó en la espalda. No aguantó más, se tambaleo, intentó mantenerse en pie, pero cayó de la torre, el suelo cada vez estaba mas cerca de él. Echó un último vistazo al pueblo. Vio a Peva en el suelo y sangrando. Vio a sus amigos y vecinos muertos. Las casas y tiendas ardiendo. Por último vio a lo lejos una tropa aliada acercándose a caballo. No vio nada más, el suelo ya lo había recibido. Ahora solo yacía su cuerpo en un charco de sangre.